Ayla, la pequeña salvaje

La obra reflexiona y se pregunta de manera poética sobre quiénes son los “salvajes”. Nuestras sociedades modernas han dibujado a “los salvajes” como seres primitivos y atrasados. Dos concepciones del mundo en conflicto: uno, en la idea de que los recursos naturales son ilimitados y están destinados a la explotación del hombre, y otra, en que el hombre forma parte de la naturaleza y su misión es protegerla porque es parte de su esencia. Ayla, la pequeña salvaje, busca a los seres humanos, su pueblo, esos primitivos, esos salvajes que sufren la destrucción de sus hábitats, de sus formas de vida, de sus recursos, de sus culturas,…

¿Quiénes son los salvajes? ¿Cuáles son los valores que nos hacen humanos? En el viaje de Ayla en búsqueda de su pueblo se dibujan las respuestas a estas preguntas.
Ayla es una niña de un pueblo que ha sido destruido por el avance del desarrollo económico ilimitado: incendios y deforestación, minería y grandes explotaciones ganaderas. Esta pequeña sabe sobrevivir sola en la selva, demostrando que los saberes transmitidos por su pueblo son más que suficientes para la vida. Ayla encuentra un amigo, un pequeño perro, y, juntos emprenden el camino en busca de su gente, “el pueblo humano”.

Plano de luces